Costa del Este, la “playa del millón de pinos” y de fina arena
En esta ciudad verde no existen medianeras ni portones. Las calles son de arena y llevan nombres de flores y arbustos. Es que no existen las medianeras, en su lugar los llamados “cercos verdes” -delimitaciones compuestas solo por plantas- se encargan de separar las casas entre sí. Todo acerca de Costa del Este está embebido en la naturaleza. Desde el ingreso a la localidad a través de la Avenida 4, paralela a calles como Los Lirios, Las Gardenias, Los Cedros y Los Nogales, hasta las reglas estrictas que permiten conservarla como una aldea verde en pleno partido de La Costa. La gran mayoría de las calles de la ciudad -salvo las “arterias”- no están asfaltadas, tampoco las veredas. “Esto es a propósito, para cuidar a la localidad de futuras inundaciones. El médano tiene una característica muy particular que es que funciona como una esponja. Cuando llueve absorbe el agua y la almacena para que nosotros después la utilicemos”, explica María Sol Rosarno, una de las guías locales. Además de sus playas, angostas y de arena fina, uno de los atractivos principales de Costa del Este es la arquitectura particular de sus grandes cabañas; muchas de ellas de estilo alpino y rodeadas de álamos, acacias, aromos, eucaliptos, laureles y pinos. Su historia Como localidad joven, la historia de Costa del Este se remonta al año 1966 y a la visión de Emilio Doura, un emprendedor que encontró en la zona de médanos la posibilidad de construir un club de campo tomando inspiración de sus viajes por el mundo. “A Costa del Este había que entrar por la playa con la tabla de mareas, con camiones 4×4 ‘guerreros’ que había en esa época. Cuando nosotros veníamos acá era toda una aventura, y a veces no estaba buena porque te morías de frío.
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